lunes, 17 de agosto de 2009

El tragonismo

Aunque el término llame a la risa o la sorpresa, define la situación en que comer se convierte en el único objetivo, la mayor parte del día y así se intenta llenar un vacío interno


Por Claudia Durán, especialista en Nutrición.


Aunque su nombre no lo indique, el tragonismo es una enfermedad grave, progresiva, y que puede llegar ser tan mortal como el alcoholismo y la drogadicción. Así de agudo es el sufrimiento de las personas obesas, que no pueden día a día enfrentar sus miedos, darse cuenta de su realidad, cambiar sus hábitos alimenticios y, en consecuencia, bajar de peso.

El terror de ir al cine o subir al colectivo y no caber en los asientos, el pánico ante la invitación para acudir a un baile, vivir para comer y tener que hacerlo a escondidas para evitar la mirada acusadora de la familia, todo esto puede quedar en el pasado para este grupo de personas cuando deciden salir del abismo de la obesidad y el tragonismo que un día padecieron.

Los estudios realizados en la ciudad nos muestran que a causa de los malos hábitos alimenticios y el sedentarismo, siete de cada diez argentinos presentan sobrepeso u obesidad, mientras que en los menores de edad la cantidad llega casi al 60 %.

Esta cifra es alarmante y no se restringe a nuestro país, que ocupa el tercer lugar a escala mundial de obesidad detrás de México y Estados Unidos a la cabeza.

Canalizar las frustraciones en la comida, probar todo tipo de dietas y tratamientos sin resultado, soportar las burlas de extraños, amigos, la misma familia y luego aislarse, son algunas de las situaciones que la mayoría de las personas obesas han atravesado en algún momento de sus vidas.

El término "tragones" es el que mejor define este desórden alimenticio, porque no sólo se tragan la comida sin masticarla, también se tragan la tristeza, el enojo, las emociones, en fin, la propia vida...

El problema es bastante complejo y no se puede curar únicamente con dietas o ejercicio, ya que se trata de personas que a diario participan en la destrucción del propio cuerpo, en algunas ocasiones sin estar conscientes de que esas acciones los llevan en una rápida carrera hacia la muerte.

El éxito real del tratamiento de Nutrime está en que sus principios tienen una base humana, aunque aquí no se trate de religión, política ni economía, lo importante es ayudar a las personas a empezar a pensar y a sentir para recuperarse.

Todo es sin apuros ni presión alguna, transitando un proceso necesario. El énfasis está en la salud emocional y física, y no es una carrera contra el reloj para ver cuántos kilos se bajan en una semana. No hay que demostrar a nadie nada ( esposa, hijos, marido), todo el trabajo es por usted mismo.

Crónica de una obsesión

Mariano tiene 18 años y mide 1.65 metros; cuando llegó a Nutrime pesaba 157 kilos, 97 más de lo que es su peso ideal. Con tres meses de tratamiento, Mariano redujo 41 kilos y continúa trabajando para lograr su objetivo.

"Mi salud ya estaba muy afectada, me dió alta presión y un soplo en el corazón a causa del esfuerzo que tenía que hacer mi cuerpo con tantos kilos de más", expresa el joven, que no recuerda haber estado flaco en alguna etapa de su vida. "Tomé toda clase de tés, fibra, licuados, pastillas para quitar el hambre y todo lo que me daba mi mamá, que siempre estuvo preocupada por mi sobrepeso, y las dietas las iniciaba muy bien, pero después de una semana se me olvidaban".

"Cuando llegué aquí, me dí cuenta de que yo comía nada más por estar masticando -señala-. Mi obsesión era masticar algo todo el día, y así comiendo todo el día fue como llegué a tener 97 kilos más de los que debería"

La obesidad de Mariano lo llevó a aislarse de sus amigos, e incluso a dejar el trabajo que realizaba en una empresa de belleza, y pensar que la vida no tenía sentido para alguien como él. Con éste tipo de pensamientos llegó al centro nutricional, y ahí lo alertaron de que su problema de soplo en el corazón podía hacer crisis en cualquier momento.

"Antes no pensaba en nada, ni en estudiar -asegura-. Tal vez muy dentro de mí creía que tenía la vida contada. Ahora me siento cada vez mejor, quiero seguir adelante, estudiar o trabajar".

"Todo está aquí", dice mientras señala su cabeza, y asegura que el primer paso es "aceptar que existe un problema".

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