lunes, 10 de agosto de 2009

Las reglas de oro para los que beben mucho

Por Natalia Gómez Quintero para El Universal

Si bien no existe una dieta mágica que proteja a los bebedores frecuentes del inminente deterioro que causa el alcohol en el organismo, sí hay ciertos hábitos alimenticios que pueden ayudar a compensar la pérdida de nutrimentos que dejan de ser absorbidos debido a la ingesta de esta sustancia.

Médicos especialistas en el tratamiento de adicciones, como Gady Zabicky y Hugo González Cantú, así como las nutriólogas Gabriela Pérez Negrete y Tania Prats Vidal, coinciden en que los aficionados al trago deben seguir las reglas generales del buen comer: muchas frutas, verduras, cereales y agua; pocas grasas y escasos alimentos de origen animal.

Antes de ofrecer alternativas útiles para los bebedores frecuentes, los expertos advierten que la moderación en el consumo de bebidas alcohólicas será siempre el mejor consejo que puedan brindar a los que toman mucho.

Los especialistas señalan que es recomendable que los bebedores sigan una dieta rica en cereales, manzanas, peras, pescados, almendras, guayabas, tomates y rábanos. También advierten que es mejor curarse la cruda con unas enfrijoladas con lechugas que con chilaquiles o caldos picosos.



Lo que sin duda ayuda

Como únicos poseedores en el reino animal de una enzima que degrada el alcohol, el ser humano no puede abandonar el procedimiento casi riguroso de comer alimentos previo, durante y posterior al consumo de alcohol, pues esto ayuda a que la absorción de ese líquido, principalmente a través del estómago y parte del intestino, sea un poco más lenta.

José Méndez, director de la Fundación CoResponsables, organización que impulsa un consumo moderado del alcohol, agrega que el tomar agua en estos tres diferentes tiempos es otro de los requisitos pues, explica, el alcohol es un diurético, por lo que mantenerse hidratado es importante.



Bebidas como el Gatorade o los típicos sueros caseros a base de agua mineral sal y limón funcionan, no obstante, asegura el especialista, con agua simple el cuerpo se restablece.



Asimismo, el beber un vaso de agua entre cada trago sería lo más conveniente para evitar que los efectos del alcohol lleguen antes de lo previsto. Sin embargo, los especialistas médicos reconocen que muy pocos individuos optan por esta recomendación.



Pero existen otras personas que si empiezan a cuidar su alimentación, pues además el alcohol con un alto contenido de calorías puede subir en la sangre los niveles de triglicéridos, que son el principal tipo de grasa transportado por el organismo para dar energía o para ser almacenado como misma grasa.



La nutrióloga Tania Prats Vidal señala que evitar alimentos con grasas saturadas (carne roja, productos lácteos y otros alimentos de origen animal que pueden originar problemas cardiovasculares), elevar el consumo fibras, (pan integral, cereales como avena, salvado, manzanas, peras) y en su caso aumentar las grasas de origen vegetal que contengan Omega 3 (pescado, almendras, nueces), puede regular el nivel de triglicéridos en la sangre.





El papel de las vitaminas

La perdida de vitaminas (C y A), minerales y ácidos grasos esenciales es frecuente que se presente en los bebedores frecuentes, por lo que una manera de compensar al hígado, principal órgano que regula la actividad metabólica del organismo, por la falta de este tipo de nutrientes, es con alimentos antioxidantes capaces de protegerlo.

La guayaba, tomate, naranja, kiwi, piña, pimientos, fresas, melón, coles y espinacas son algunas frutas y verduras que contienen vitamina C; así como la zanahoria, la calabaza, las coles de Bruselas, el plátano y la manzana, ricas en vitamina A, no pueden ser omitidas de la dieta de los bebedores, señala la nutrióloga Gabriela Pérez Negrete.



Las especialistas recuerdan que el alcohol disminuye la absorción de ciertos nutrientes, entre ellos algunos miembros del complejo de la vitamina B.



Por ello, recomiendan la ingesta de Complejo B, pues esto favorece al organismo para un correcto apetito, para el adecuado funcionamiento y mantenimiento del sistema nervioso, en el metabolismo de las proteínas y las grasas, en la formación de glóbulos rojos, para el aprovechamiento y absorción de varios nutrientes, así como el mantenimiento de aquellos órganos que participan en la digestión.



El complejo B puede encontrarse en comprimidos (Bedoyecta) o en cereales integrales como el arroz el trigo y la avena; en verduras como espinacas, rábanos, col, coliflor, espárragos, berenjena; leguminosas como soya, habas, frijoles y lentejas y en frutos secos como almendras y avellanas.



La medida

Gady Zabicky Sirot, quien fungiera como coordinador del Programa de Investigaciones Relacionadas con Sustancias del Instituto Nacional de Psiquiatría “Dr. Ramón de la Fuente”, explica que una persona debería de consumir un trago por hora, ya que el organismo alcanza a metabolizar hasta 90% de la sustancia en ese lapso.

Esto siempre y cuando sean bebidas estándar como un caballito de tequila, una cerveza de 350 mililitros y hasta una jícara de pulque de 500 mililitros, los que contienen 12 grados de alcohol puro.



De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los adultos sanos pueden consumir dos tragos hasta por cinco días durante una semana sin que ello represente un exceso.



El consumo de alcohol en nuestro país, que dista mucho del Mediterráneo, donde pueden comer y cenar diariamente con vino por ejemplo, se focaliza durante los fines de semana, por lo que se recomienda que las mujeres no pasen de tres copas y los hombres no más de cuatro por ocasión.



Por obvias razones, rebasar estos parámetros sugeridos implica un mayor riesgo para la salud.



Los “remedios”

“No te bañes, no tomes agua, no comas fruta y nunca sandía”, son las extrañas recomendaciones que rodean al consumo del alcohol y sus efectos en el bebedor, las cuales, así como muchas otras, no tienen un sustento científico, señala Hugo González Cantú, psiquiatra adscrito de la Clínica de Trastornos Adictivos del Instituto Nacional de Psiquiatría “Dr. Ramón de la Fuente”.

Mucho menos tomarse durante la cruda uno de esos brebajes llamado “polla”, pues el contenido alcohólico del jerez lo único que provocaría es poner a trabajar a marchas forzadas al hígado, para procesar una vez más el alcohol, explica.



Asimismo, las especialistas en nutrición señalan que el huevo crudo que se agrega a esta bebida, además de aumentar los niveles de colesterol, no tiene activa la proteína que el cuerpo debe absorber, ello por no estar cocido.



Y como el consumo de alcohol irrita el estómago y puede provocar gastritis, no es recomendable comer caldos picosos como la pancita, la birria y el consomé, tampoco los chilaquiles.



Se presume, pues no hay estudios científicos al respecto, que el efecto de satisfacción que causa en las personas la ingesta de este tipo de alimentos es provocado por la capsaicina, sustancia contenida en todas las variedades de chile mexicano, que se cree es potente liberador de endorfinas, hormonas responsables de las sensaciones de satisfacción en el cuerpo humano, de combatir el malestar y disminuir las sensaciones de dolor.



Para no irritar

Por otra parte, comer lácteos podría ayudar a reducir en algunos casos la sensación de acidez, pero no es pertinente ante los trastornos gástricos. Tampoco los platillos abundantes en grasas, como la barbacoa, pueden ayudar a mantener en equilibrio el organismo, señalan.



“Lo más recomendable sería sustituir esa barbacoa por unas enfrijoladas con lechuga, cebolla, o en vez de la pancita o birria un sandwich de queso panela con germinado jugo y fruta”, indica Pérez Negrete.



Sin duda, dice, el ejercicio, la realización de una química sanguínea cada seis meses para monitorear el efecto que el alcohol ha tenido en el organismo y actuar con prontitud ante posibles deterioros, es indispensable.



Los especialistas en salud dejan claro que cada uno de los hábitos seguidos en el consumo de alcohol o ingesta de determinados alimentos puede tener resultados diferentes en las personas debido a la singularidad de cada organismo, no obstante indican, con un énfasis en la responsabilidad personal, que “la dosis hace el veneno”.

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