miércoles, 21 de abril de 2010

Obesidad emocional

Las personas obesas, bajo situaciones de mucho estrés o sentimientos de insatisfacción emocional, buscan alimentos que causen “placer rápido” como galletitas, gaseosas, helados, frituras, hamburguesas, chocolates, pasteles, postres.

Por Claudia Durán, Médica Especialista en Nutrición

Los alimentos con alto contenido en grasa o azúcar refinada son clasificados como carbohidratos de absorción rápida, esto significa que el cuerpo los absorbe rápidamente y los convierte en energía. Así, cuando los comemos, podemos sentir una sensación de energía y bienestar casi instantáneo, desde el momento en que se mastican, el cerebro produce sensaciones placenteras pues se activan la dopamina y la serotonina (hormonas del placer y la alegría), y uno se siente aliviado de la tensión y otras emociones no placenteras. Sin embargo, esta sensación de satisfacción es sólo temporal. A la larga, al comer este tipo de productos no sólo genera sobrepeso sino que debilita el sistema defensivo del organismo, y puede irritar y degenerar el sistema nervioso.

¿Por qué el impulso de comer?

La respuesta tiene que ver con que estamos capacitados para funcionar bajo un sistema de respuesta y escape ante aquello que se considera un peligro. Bajo una situación de estrés o necesidad emocional fuerte, solemos responder de acuerdo a los recursos que tenemos y al conocimiento que manejamos respecto a esa situación. Entonces, bajo nuestra gama de recursos, tenemos que lidiar con la situación. Comer es una forma de producir placer, calma y satisfacción. El cerebro no puede distinguir si el estrés o la situación que provoca dolor o insatisfacción tiene que ver con las cuentas que no se han podido pagar, con los problemas con la pareja, con el pleito con el jefe o con los familiares, o con que no se logra o consigue lo que tanto se anhela. No puede saber si lo que ocasiona el estrés es algo que mañana se arreglará o si es una situación de vida o muerte. El cerebro sólo recibe el mensaje y propone soluciones.

¿De dónde proviene la fuerte necesidad de comer?

En la antigüedad, cuando un animal salvaje perseguía a un ser humano, este podía experimentar altos niveles de estrés y ansiedad. La persona entonces producía cortisol y adrenalina, sustancias que ayudaban a poner tensos los músculos y los preparaban para atacar, huir o para que la persona se defendiera y actuara a favor de la vida y la supervivencia. Esto ocurría no sólo cuando los perseguían, sino cuando experimentaban alguna necesidad, y tenían que poner a funcionar toda su habilidad para salir a cazar y traer el alimento o lo que fuese necesario. Todas estas reacciones se relacionan con el instinto de supervivencia.

En la actualidad, cuando sentimos ansiedad, estrés, insatisfacción, o alguna necesidad no cubierta (no importan si son afectiva, física o intelectual, cabe acentuar que el cerebro no distingue entre una y otra), este primitivo mecanismo de defensa y acción se activa. Bajo estas situaciones, el cuerpo espera que la persona luche y haga algo para cubrir esta necesidad de supervivencia. Si esta situación persiste sin que sea solucionada, entonces el cuerpo, que ha estado tenso y preparado para reaccionar, ha quemado calorías extras debido a la producción de cortisol y adrenalina constantes, y también ha creado el mensaje de que se necesitan más calorías para que las reservas de energía no se agoten y se pueda reaccionar apropiadamente en cualquier momento.

Es entonces que se siente hambre. El miedo y las emociones del mismo árbol como la inseguridad, la tensión, el estrés, la incertidumbre, producen mucho cortisol y adrenalina en forma continua. Podemos suponer que la persona come y se sacia. Sin embargo, si la inseguridad, tensión y demás persisten, entonces el cuerpo constantemente enviará el mensaje de necesidad de comida, aunque ya se haya comido e incluso se tengan reservas energéticas de más. Es una forma de estar bien protegidos, “armados contra”, para lo que hay que tener “muchas reservas“.

¿Cómo resolver el impulso de comer a cada rato?

Decirle a una persona obesa (o decirse a si mismo) que no coma es contraproducente o no conduce a nada si no se trabaja la causa del problema, comer es para el obeso reacción a un instinto. La necesidad y el origen del estrés o la ansiedad es lo que se debe empezar a considerar. Muchas de las situaciones que provocan estrés, ansiedad, inseguridad, no solo ocurren ante peligros físicos, sino tambien emocionales. Las personas obesas pueden tener fuertes sentimientos de inseguridad o temor a que algo no resulte o se cumpla en su vida, una necesidad afectiva fuerte puede ser el origen del impulso a comer y “llenarse”.

El enfoque para ayudar a erradicar el problema de sobrepeso en personas que han tratado todo y no pueden bajar, es empezar a dejar la idea de “quitarse el peso” y permitirse descubrir las necesidades afectivas o emocionales que generan una situación de estrés, inseguridad y ansiedad. Esto puede ser complicado para la persona si esta sola, sin embargo, se puede acompañar este proceso en terapias nutricionales con abordaje afectivo-emocional, que ayudan a tratar situaciones corporales trabajando los sentimientos y emociones.

martes, 13 de abril de 2010

¿Por qué las dietas para adelgazar fracasan?

Por Claudia Durán, Médica especialista en Nutrición
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La mayoría de las personas que han estado tratando de adelgazar en algún momento de su vida y se someten a una dieta tras otra, fracasan, tienen un área en el cerebro (la que controla el hambre) similar a un niño rebelde:

Cuando se les prohíbe comer cierto tipo de alimento, éste se querrá rebelar y les pedirá que le den justamente aquello que se ha prohibido. Así que ese ‘niño rebelde’ les mandará señales desde su cerebro para que le den de comer al cuerpo, aquello, que si fuera por voluntad, no comerían.

Todas las veces que se imponen privaciones mediante una dieta, provocan que el "niño rebelde" se resista contra esas privaciones y los induzca a cometer excesos, es por eso que les cuesta tanto trabajo cumplir con la meta de adelgazar.

Hay personas tan acostumbradas a las dietas que llegan a pensar que ellas son su única esperanza para lograr su sueño de perder peso. Pero ahora verá que no es así y se lo explicaré.

Mire el ejemplo que le refiero a continuación. Cuando nosotros decidimos iniciar una nueva dieta, hacemos una lista mental o escrita de las cosas que nos prohibiremos a nosotros mismos comer.

Decimos, desde mañana voy a iniciar una nueva dieta y nada de pan, postres, dulces, galletitas, gaseosas, chocolate y un montón de cosas más que colocamos en la lista de “alimentos prohibidos”.

¿No le sucede que luego de soportar dos días o una semana a dieta y sin comer ese tipo de alimentos “prohibidos” más los desea?

La parte rebelde de su cerebro le empieza a pedir justo eso que le prometió no comer más. Lo empieza a desear y ese deseo se va incrementando más, conforme transcurre el tiempo.

Ahora sus pensamientos solo se centran en ese postre que se supone no debe comer y se encuentra en una ardua lucha entre tus deseos del “postre prohibido” y su llamada “fuerza de voluntad” para seguir con la dieta que se propuso.

De pronto llega un momento, en que ya no lo soporta más, su fuerza de voluntad llegó a su límite y se quebranta e irremediablemente se dirige hacia la heladera y sucumbe ante aquel postre delicioso que está ante sus ojos. Lo devora y en menos de lo que se lo describo ya acabó con él.

¿Y qué sucede ahora? Le invade de pronto un terrible sentimiento de culpa al saber que fracasó. ¿Cómo pude haber cedido ante la tentación? ¿Por qué rompí la dieta si iba tan bien? Se recrimina a si mismo.

Como siente que falló dice bueno ¿qué más da? y aprovecha su derrota para comer cuanto alimento le guste o tenga frente a sus ojos en la alacena o en la heladera.

Llega la hora de dormir y se va a la cama sintiendo una gran pesadez en el estómago por todo lo que ha comido y lo peor de todo es que su moral está desmoronada, se siente fatal por todo lo que comió.

Tal vez se promete a sí mismo que mañana volverá a iniciar la dieta y que esta vez no fallará, pero lo triste es que la historia se vuelve a repetir no es así?

Quiero pedirle que se ponga a pensar en esas ocasiones en las que ha estado haciendo alguna dieta y que se responda sinceramente las siguientes preguntas:

¿Por cuánto tiempo pudo llevar a cabo la dieta antes de romperla debido al hambre que le causaba?

¿Cuántos fueron los kilos que pudo perder con esa dieta?

¿Cuánto tiempo tardó en recuperar esos kilos perdidos?

¿El someterte a esa dieta y después romperla qué tipo de sentimiento le dejó: satisfacción frustración?. Seguramente la experiencia que ha vivido con las dietas no ha sido muy alentadora ¿o me equivoco? Pero déjeme decirle que eso no ha sido culpa suya ni mucho menos falta de fuerza de voluntad.

A continuación le explicaré por qué las dietas para adelgazar no son efectivas en más del 90% de los casos:



Las dietas para adelgazar disminuyen el metabolismo y por tanto le hacen almacenar más grasas:





· Una dieta prolongada y rigurosa o también el someterse a varias dietas sucesivas hacen que el metabolismo se haga más lento. Esto se debe a que cuando nosotros restringimos la cantidad de alimento que le damos a nuestro organismo por un periodo prolongado, éste no sabe que lo único que queremos es perder un poco de peso y más bien “piensa” que lo queremos matar de hambre y entonces se defiende almacenando más reservas de grasa o energía para sobrevivir a ese periodo de escasez de alimento y para lograr acumular esa grasa o energía disminuye el metabolismo, es decir, la rapidez con la que nuestro cuerpo asimila o quema las calorías.



· Así que el hacer una dieta tras otra, va provocando que su metabolismo se haga cada vez más lento y eso es justamente lo que la gente que quiere adelgazar no desea en absoluto, sino al contrario, quieren tener un metabolismo que queme las calorías rápidamente.



· Otro de los efectos negativos de las dietas podría ser el sufrir una descompensación debido a la falta de nutrientes necesarios en nuestro cuerpo; ésto provoca que nos sintamos desganados, sin energía, también puede causar dolores de cabeza debido a la baja del azúcar e incluso mal humor como consecuencia de todo lo anterior. Puede también suceder que nuestras defensas del sistema inmune se debiliten y seamos más propensos a las enfermedades.



· Si investiga sobre estadísticas relativas a la efectividad de las dietas, se va a dar cuenta de que éstas fracasan en más del 90% de los casos. Lo contradictorio es que a pesar de ello la gente siga recomendándolas y tratando de apegarse a una dieta para adelgazar. Y en aquellos pocos casos en que las dietas llegan a funcionar, sólo es por poco tiempo porque la mayoría de las veces la gente vuelve a recuperar el peso perdido y aún unos kilos de más, a lo que le llamamos el famoso “rebote”.



Sin embargo, es posible perder todo el peso que tiene sobre su peso ideal sin tener que seguir una dieta, sin sufrir ni pasar hambre mientras siga perdiendo kilos mes tras mes y no recuperarlos, en tanto se permita a sí mismo que su mente vaya asociada a ese cuerpo que adelgaza. Esto se logra si durante el proceso de adelgazamiento deja aflorar y fluir los sentimientos y emociones que vayan surgiendo, para ir logrando un mayor autoconocimiento y aceptación de sí mismo...

miércoles, 7 de abril de 2010

La trampa del HAMBRE

Para muchos, el comer se ha convertido en un auténtico problema, ya que la "gran trampa del hambre emocional" es la principal responsable.
El secreto para adelgazar es averiguar cuáles son las necesidades del cuerpo para alimentarse sólo cuando se tiene hambre corporal .
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Por Claudia Durán, Médica Especialista en Nutrición

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La tristeza se combate con chocolate. Los spaghetti son al parecer ideales contra la frustración, y las bananas transmiten felicidad : la psiquis y el comer tienen una muy estrecha relación : "El hombre es lo que come"

Entre tanto el tema se ha investigado y fundamentado también de modo científico. Lo que come y la manera en que come el hombre depende en gran parte de su psiquis. Y a la inversa.

Pero las rigurosas normas de esbeltez del espíritu de la época actuál no contribuyen precisamente a una mejora del humor, ya que para muchos el comer se ha convertido en un auténtico problema. Las barrigas masculinas, efecto secundario del bienestar del paladar, ya
no son aceptadas como antes. Y en las mujeres, las redondeces y curvas consideradas antes tan atractivas, cedieron a un ideal de características mucho más esbeltas.

"Después de la ola de dieta y aerobics, tras largos años de ascetismo y mortificación, llegamos a la conclusión de que cuanto más se esfuerza la gente en conseguir su peso ideal, tanto más aumentan de peso. Esto se debe a que hay muy pocas personas que sólo comen por el apetito que tienen,
que es la mejor manera de adelgazar en forma natural y mantenerse en este estado.

La regla básica : -Comer sólo cuando se tiene hambre.
Se trata de confiar en el instinto y averiguar cuáles son las necesidades del cuerpo y de la mente y satisfacer ambas de modo adecuado. Para los "esbeltos naturales" no hay ningún tipo de alimento prohibido.
Ellos evitan la gran trampa del "hambre emocional o anímico" . Es decir, no comen para combatir la frustración, reducir el estrés o paliar el aburrimiento, dándole mayor relevancia a otras cosas que hacen gustosos, por placer.

¿ Cómo se puede evitar la trampa del hambre ?. Por ejemplo, en lugar de degustar una barra de chocolate, se puede gozar quizá de un agradable baño de inmersión; en vez de una opulenta comida; ir al cine a ver una buena película podría inyectar un más importante impulso anímico.

Quien en la alta escuela del placer puede separar el hambre del apetito y sabe distinguir hambre física, corporal, de hambre emocional , ha superado ya un importante examen.

El modo de ingesta aconsejable, es comer sólo cuando se sienta hambre corporal, y gozar de lo que se come. Elegir en cada momento aquello que desee, percibiendo lo que su cuerpo y su interior precisan, en el marco de una alimentación equilibrada que es sin duda el ideal para todos los organismos

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