martes, 23 de marzo de 2010

Sobre Obesidad y Cultura

Del Blog de Strategic Consulting
(http://blogs.strat-cons.com/)

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La obesidad infantil (y del adulto) es ya considerada como una emergencia epidemiológica en México. El encontrar y analizar las causas de fondo, más allá de sólo buscar culpables, es fundamental para poder garantizar un éxito en los planes para el combate de esta enfermedad.

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Recientemente se ha tocado, el tema de la gran incidencia y prevalencia de obesidad infantil en nuestro país.

Con bastante razón, se ha culpado del problema a la dieta y productos que nuestros niños consumen mientras asisten a las escuelas.

La discusión ha llegado a tomar sin embargo, algunos tintes poco objetivos (no diremos facciosos), al culpar exclusivamente a los llamados “alimentos chatarra” los cuales se consumen durante los recreos escolares y que se encuentran a la venta en las “tienditas” y cooperativas escolares.

El afán (sí) de encontrar culpables de la afección a la salud a los niños mexicanos, entre la industria alimentaria trasnacional (y nacional) y hacerles pagar por ello, nos ha hecho perder de vista un componente fundamental del problema: Nuestra cultura alimentaria familiar básica.

Recientemente el Dr. Agustín Lara Esqueda, del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades de la Secretaría de Salud, ha dado a conocer una importante encuesta que demuestra tres hechos incontrovertibles:

1. Más del 50% de los alimentos que se expenden en las tiendas y cooperativas escolares son de origen “casero” producidos o cocinados in situ por los mismos maestros o autoridades del plantel. La característica fundamental de estos productos: son fritos en aceite.

2. La mayor parte de los niños en edad escolar se encuentran sobrealimentados (en términos calóricos) por la rutina alimentaria de la familia y las actividades del día.

3. La cantidad de ejercicio y actividad física que los niños realizan en la escuela, no alcanza las expectativas mínimas de los objetivos de la SEP.

La conclusión es clara: los “alimentos chatarra” juegan un papel importante en la generación de obesidad en los niños, sí; la cultura de lo que comemos en familia y como lo comemos… también.

Aunque solemos dar por hecho que nuestro ambiente familiar es intrínsicamente seguro y que las tradiciones mexicanas (tan “nuestras”) están libres de todo pecado, es importante hacer notar algunas peculiaridades que seguramente influyen en la obesidad de nuestra población.

* El abandono temprano de la lactancia materna, a cambio de una fórmula láctea que seguramente es endulzada con miel de maíz en el biberón.

* La abundante ingesta de atoles como sustituto de la leche, desde la primera infancia.

* La ingesta rutinaria de refrescos, ojo: no sólo en la escuela, sino como bebida de uso común en casa.

* La rutinaria saborización de la leche con aditivos como el chocolate (y la dosis concomitante de azúcar).

* La combinación de diversos carbohidratos en tamales, tortas, tacos y otros platillos elaborados a base de harinas refinadas. Muchos niños asisten a la escuela habiendo desayunado una torta de tamal, la cual se puede comprar… afuera de la escuela.

* La escasez y desprecio de nuestra cultura hacia la ingesta de verduras y frutas.

* La ausencia casi total de pescado en la dieta de la población en México.


Estas y otras muchas costumbres alimentarias están muy seguramente contribuyendo a la obesidad en México, tanto en niños como en adultos.

Sin embargo, esta ha sido una parte importante de la ecuación que no se ha querido ver de forma objetiva y en algunos casos se ha soslayado intencionalmente.

Como ya lo hemos comentado, muchos actores (algunos con voces políticas) quieren a toda costa encontrar culpables entre la industria de alimentos y botanas.

Ciertamente que la industria alimentaria tiene una importante tarea que cumplir con el fin de coadyuvar a detener este problema; sin embargo, se requiere un cambio cultural y de hábitos (usos y costumbres) profundo, si realmente queremos resolverle desde su verdadera raíz.

Para la Dra. Olga Georgina Martínez Montañez, epidemióloga, experta en salud pública y escritora en su blog Hygia ; el problema cultural es muy complejo (por lo menos, más de lo que yo observo):

“Cultura o transculturización? Facilidad o economía? Videojuego, tele o parque de diversiones? Seguridad, oferta de alimentos…”

“Hay factores sociales y económicos, el riesgo de obesidad aumenta a menor escolaridad y menor nivel socioeconómico…”

El problema no es fácil y para demostrarlo basten algunas preguntas:

* Si se “legisla” una prohibición al consumo (total, parcial o modificado) de “alimentos chatarra” en las escuelas, ¿esto incluirá las fritangas que se venden en las escuelas?

* ¿Quién y cómo establecerá la norma para calificar a un alimento como “chatarra”?


* ¿Cómo se promoverá una alimentación sana y ordenada con familias de madres trabajadoras con tiempo escaso para alimentar a sus hijos?

* ¿Como cambiaremos la costumbre de endulzar la leche o de ofrecer atole a los niños como sustituto de esta?

* ¿Como educar en el bajo consumo de refrescos (en la escuela y la casa) si son más baratos que la leche?

* ¿Existirá una forma económica y viable de proveer (y enseñar a consumir) pescado a la población mexicana?

Alteraciones psicológicas del sobrepeso

Existen diversas alteraciones psicológicas en aquellos pacientes con sobrepeso y obesidad

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Por Claudia Durán, Médica Especialista en Nutrición

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Imagen corporal distorsionada: La insatisfacción con la imagen corporal, en la obesidad no sólo es una motivación frecuente para intentar bajar de peso, sino también, puede ser motivo de un importante y significativo impedimento y malestar constante, que influye en los pensamientos, sentimientos y conductas, afectando la calidad de vida de quien la padece.

Descontrol alimentario: La persona ingiere grandes cantidades de comida, generalmente en menos de dos horas, con una sensación de pérdida de control sobre qué se come y cuánto se come, seguido por sentimientos comunes de culpa y por una sensación de enojo, desesperación, decepción por no poderse controlar. Finalmente, repercute sobre la idea o la preocupación de la figura corporal, afectando directamente a la disminución de su autoestima. Esto es más frecuente en las mujeres que en los hombres.

Ansiedad: Conjunto de reacciones físicas y psicológicas que ocurren ante la presencia de un peligro real o ficticio.Si el comer, se toma como un recurso contra la ansiedad, con el tiempo se transformará en algo habitual y como resultado del mismo, se engordará; este aumento de peso genera preocupación, por lo que nuevamente aparecerá la ansiedad y una vez más se vuelve a comer en cantidad, formándose así un círculo vicioso.

Manifestaciones depresivas: Sus características son:

-La persona parece incapaz de atender, percibir y procesar los estímulos y situaciones gratificantes. Toda su atención parece concentrarse únicamente en lo negativo.

-Pérdida de interés por las actividades o situaciones que anteriormente resultaban gratificantes.

-Insomnio o al menos serias dificultades para conciliar el sueño y conseguir que este sea realmente reparador.

-Sensación de cansancio, dolores musculares y estreñimiento.

-Incapacidad para hacer frente a las obligaciones familiares, laborales y sociales habituales.

-Bajo nivel de autoestima.

-Excesiva preocupación por el estado de salud.

-Irritabilidad, incapacidad para concentrarse.

-Llanto, miedo, angustia, sin situación alguna que lo justifique.

-Autorreproches por la incapacidad de salir de esta situación depresiva.

-A niveles diferentes de conciencia, suele haber sentimientos de culpa, incompetencia personal e inutilidad.

-Sentimientos no reconocidos de agresividad hacia los demás, volcados hacia si mismo.

Trastornos de la sexualidad: De muy distintas maneras puede la obesidad de una persona relacionarse con su sexualidad o con la ineficiencia en sus intentos para adelgazar, se siente una persona menos atractiva y con dificultad para la relación sexual que tanto teme.

Aparición de la obesidad como respuesta a la pérdida de un ser querido: Suele observarse en algunos obesos que bajan de peso cuando se enamoran y lo recuperan cuando pierden al ser querido. La comida se convierte en un objeto afectivo, como paliativo de bienestar psicológico.

Valor simbólico de los alimentos: Muchos alimentos poseen además de sus cualidades alimenticias, un valor simbólico y emocional por estar, muchos de ellos, asociados en nuestro cerebro a recuerdos buenos o malos, a situaciones, personas y etapas de la vida. Ejemplo: asociar las tortas y postres a momentos de grata celebración de cumpleaños, a la experiencia de ser agasajados por sacar buenas notas, los helados a vacaciones de verano y a momentos de mayor libertad, entre otros.

Muchos alimentos están asociados en nuestra mente a recuerdos agradables o desagradables, a situaciones, conflictos, personas, emociones y muchas de estas asociaciones son necesarias para la estabilidad psicológica.

Miedo a estar delgado: Existen personas que en forma consiente o inconsciente manifiestan miedo a estar delgados o a adelgazar. Creen que serían menos fuertes, débiles ó menos útiles para la familia.

La obesidad como forma de evitar situaciones deseables: La obesidad, muchas veces sirve como excusa ó justificativo, para no lograr aquello que se desea. Miedo a la vida social, a mantener relaciones sexuales, a entrar en una nueva etapa de desarrollo, a la intimidad psicológica y afectiva de la vida en pareja, a perder la preferencia de la madre o el padre conseguida gracias a limitarse la vida y estar pendientes de ellos, a la infidelidad.

La obesidad como forma de castigo: Al estar obeso, las miradas burlonas de los allegados, la ausencia de miradas de deseo por parte del sexo opuesto, la incomodidad de la ropa que aprieta, el cansancio y la torpeza de movimientos que genera, y sobre todo el mirarse en el espejo y no gustarse, un castigo apropiado para la mente de algunas personas que se sienten culpables. Lo que causa el sentimiento de culpa es inherente a cada persona, de acuerdo a sus valores.

Comer como mecanismo evasivo: Para algunas personas, la comida es una vía de escape para no pensar en los problemas que tienen o las soluciones a ellos. La utilizan como una estrategia de evasión, dejando los problemas "en espera" en lugar de enfrentarse a ellos y resolverlos.

Algunos comen para escapar de las grandes decisiones que hay que tomar en la vida, como las que se relacionan con la profesión o con el matrimonio, otros lo hacen para no tener que afrontar (y potencialmente rectificar) las malas elecciones que han hecho (un matrimonio que ha fracasado, un trabajo sin futuro).

Necesidad de identificarse con alguna persona o grupo: Cuando una persona se identifica con otra de vital importancia en su vida por una fuerte vinculación afectiva, y esta última es obesa o tiene hábitos y actitudes que conducen al descuido y a la obesidad, la necesidad profunda de parecerse o diferenciarse, hace que repitan o se alejen de estas formas de vida, lo que termina conduciéndolos a una ganancia de peso.

La obesidad como forma de destrucción de la figura femenina: Aparece generalmente en mujeres con obesidad extrema. Son personas que no están satisfechas con su esencia femenina, no tienen una adecuada identidad sexual y se resisten a adoptar el papel de mujer que la sociedad les otorga. Son poco femeninas y mantienen una gran rivalidad con el sexo masculino.

Papel del cónyuge y de los padres en la obesidad

Es importante el rol que juegan las personas más allegadas en la aparición y mantenimiento de la obesidad. Estas son habitualmente el cónyuge y los padres, pero también puede tratarse de hermanos y amigos. Estos, pueden tener interés consciente o inconsciente en que continúe con sus kilos sobrantes.

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