jueves, 10 de septiembre de 2009

Son treintañeros... con achaques de mayores

Por Cinthya Sánchez, para El Universal

A los treinta comenzamos inevitablemente a envejecer. Se empiezan a reconocer partes del cuerpo por los dolores, casi todos nuevos. Queda claro dónde queda el riñón, los lumbares, la pelvis, todos los huesos y tendones lastimados.

Los que ya pasaron a la era de los treinta lo saben bien, simplemente resumen su estado físico diciendo: “ya no es lo mismo que antes”.

Sofía toma refresco demás en un fin de semana y para el lunes ya tiene un ardor al orinar. Omar toma alcohol viernes y sábado y la resaca le dura hasta el lunes. Ana se desvela un jueves hasta las seis de la mañana y de plano el viernes tiene que inventar algo en el trabajo para no ir. Samuel se moja por la lluvia mientras corre del garage a su casa y al otro día se enferma de gripa. Héctor festeja un gol en el estadio y se le safa el hombro. Andrés se lastima el tobillo jugando futbol y el accidente le resulta que es fractura.

Todos ellos son treintones y les consta que, sin ser viejos, su cuerpo comienza a resentir lo vivido. Han habitado por más de treinta años un cuerpo al que han maltratado con estrés, alcohol, tabaco, grandes cantidades de refresco, una mala nutrición, poco ejercicio, menos horas de sueño. Se han enfrentado a accidentes, infecciones de transmisión sexual, infecciones urinarias, fractura de huesos, resacas por consumo de alcohol.

Este grupo poblacional tiene sus propios padecimientos; después de los 30 años comienzan las enfermedades comunes en los adultos, según registra el Instituto Nacional de Salud Pública.

La última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) realizada en 2006 reporta que a partir de los treinta años los mexicanos comienzan a beber menos alcohol porque lo soportan menos; justo a los treinta se suman con mayor porporción a las cifras de obesidad en el país y, paradójicamente, también a las de desnutrición; 30.8% de ellos ya sufre de hipertensión. Son víctimas de preinfartos y en el caso de los hombres un porcentaje son sobrevivientes de accidentes ocurridos antes de sus 29.

En cuerpo de treintón

Isaac es de ese club. Le comenzó a doler el brazo y luego vino una opresión en el pecho. A sus 32 años un infarto al corazón se ve lejano. No es obeso, pero no hace ejercicio y bebe alcohol, tabaco y cocaíana. Fue un lunes cuando Isaac terminó en urgencias de un hospital cercano a su trabajo. Tuvo un preinfarto.

Le dijeron que fue a consecuencia de su sedentarismo, estrés laboral, 20 cigarrillos diarios y sus excesos con el acohol y las drogas. “Eso sólo le pasa a los viejitos”, pensó Isaac cuando se vio con dificultad de respirar y dolor en el pecho.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mayor parte de las muertes a nivel mundial se debe a enfermedades no transmisibles (32 millones) y de éstas más de la mitad a las cardiovasculares (16.7 millones) sobre todo infartos y accidentes cerebrovasculares.

Isaac cumple con todas las caracterícticas de una persona menor de 40 años y con problemas del corazón. Según el Instituto Nacional de Cardiología, la mitad de los infartos de miocardio producidos durante los 25 y 40 años tienen que ver con el consumo de drogas.

“Consumo lo mismo que a mis 20 años, pero ahora el cuerpo me lo ha comenzado a cobrar”, dice.

Ya no es como antes

Fernando y Andrés son compañeros de gimnasio. Están fuera por tres meses; uno sufrió una lesión jugando futbol y se fracturó el tobillo y otro por bailar durante cinco horas moviendo el brazo de abajo hacia arriba a ritmo de música electrónica se lastimó los tendones. Ambos son treintones, menores de 35 años.

Lo que hicieron es una actividad común para ellos, lo fue por lo menos en los 10 años anteriores. Andrés jugaba futbol periodicamente. Recibía patadas, se torcía el pie, se caía en la cancha, nunca sin consecuencias. Hoy que tiene 34 años bastó con una doblada de talón para que se lo fracturara.

Fernando ha bailado en decenas de fiestas. Solía brincar y sangolotear su brazo con fuerza. La última noche que lo hizo eufóricamente no pudo moverlo más al día siguiente; sólo tien 31 años pero los culpa del dolor. “Antes no me pasaba nada, dice el médico que me atendió que es por falta de costumbre, pero yo digo que es la edad”.

Otro padecimiento de moda son los trastornos de ansiedad y depresión. Amanda sufre de ansiedad. Está medicada desde hace un año. Tiene 33 y los ataques de pánico se presentaron cuando cumplió 31. ”Comencé a sentir un miedo irracional por morirme”, dice.

Su preocupación vino acompañada de falta de aire, sudoración en las manos, su corazón latía rápido y la angustia se concentraba en la garganta. “No sé si sea un mal de treintones, creo que la ansiedad es más común en nuestra sociedad y no importa la edad; lo que sí es un hecho es que esto nunca me pasó en mis 20”, dice.

Amanda pertenece al 14.3% de la población que sufre algún trastorno de ansiedad, según la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica. Aunque la cifra que resalta la encuesta no hace distinción de un grupo poblacional, pues la medida está tomada entre la población de 18 a 60 años de edad.

Las dolores en cifras

Los dolores de los treintones tienen cifras en el registro de salud pública. La obesidad, diabetes, hipertensión, alcoholismo, tabaquismo y trastornos mentales, además de primeros casos de cáncer en edades jóvenes son sus principales dolencias. Quizá por eso haya una mejor conciencia sobre la prevención.

Tal es el caso de cáncer de mama y cervicouterino donde la prevención se incrementa con los treinta. La encuesta de 2006 registró que 36.1% de las mujeres de 20 años o más acudieron al médico para una prueba de papanicolau.

El cáncer en las mujeres adultas es hoy una de las enfermedades que más cultura de la prevención tiene, sin embargo las cifras aún son bajas si se toma en cuenta que los tumores malignos son la segunda causa de muerte en el país.

A pesar de que del 65% al 70% de los cánceres de mama ocurren en mujeres de 50 años o más, miles de mujeres más jóvenes son diagnosticadas cada año con patología mamaria maligna. Una de cada 2 mil 500 mujeres de 30 años desarrollará cáncer de mama y una en 217 a la edad de 40 años.

El cáncer no sólo ataca a los treintones. El cáncer de piel se diagnosticaba después de los cincuenta años, hoy la inicidencia se multiplicó por cuatro entre las personas de 30 a 40 años.

Otra prueba de prevención común entre los adultos es la de glucosa. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, más de 22% acude a realizarse pruebas de determinación de glucosa en sangre y mediciones de la tensión arterial.

Los resultados son alarmantes pues el 30.8% de los mayores de treinta sufre de hipertensión. Las causas son atribuibles a la mala alimentación, el sedentarismo y el estrés.

La cifra de fumadores y bebedores es tres veces mayor a la de las mujeres en el grupo poblacional de 30 a 40 años. Entre los 20 y 29 años 60% de los hombres dice beber una vez o más por mes y 20% de las mujeres reporta la misma tendencia, sin embargo, según datos del Instituto Nacional de Salud Pública, la tendencia es a la baja en grupos poblacionales de mayor edad.

En los treintas también se engorda. El sobrepeso y obesidad son problemas que afectan a cerca de 70% de la población entre 30 y 60 años, en ambos sexos. En 1993 la Encuesta Nacional de Enfermedades Crónicas mostraba 21.5% de obesos; para 2000 se observó que 24% de los adultos la padecían y, actualmente, según datos de la Ensanut 2006, se encontró que alrededor de 30% de la población mayor de 20 tiene obesidad.

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