viernes, 26 de junio de 2009

Del plato a la boca se cae... un niño sano

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Por Claudia Solera para Excélsior


La hora de la comida para muchas mamás significa una guerra. Cada día, el único objetivo en la mesa es ganar una batalla con su hijo y obligarlo a comer. Pero lo peor de esta situación, tal como lo describe la canción de Cri-Cri La merienda, es que además de tener que corretearlos con la cuchara, los “niños melindrosos” de entre uno y tres años están 14 puntos por debajo del desarrollo mental de alcanzado por niños de apetito sano.

En México, hasta en un 60 por ciento de las consultas médicas, las mamás confiesan que sus hijos comen mal, según la pediatra Damaris Pupo, de la Universidad de Santiago de Cuba.

Aunque la percepción de las mamás de falta de apetito en sus hijos no siempre significa un problema grave, varios expertos estadunidenses piden a los pediatras nunca omitirlo, y evaluar si las causas son sicológicas como la lucha por la autonomía o falta de afecto o físicas; porque la mala nutrición provoca retraso en el crecimiento y bajo peso.

“Es frecuente que estos niños sean pasados por alto y que no reciban un diagnóstico y plan de tratamiento adecuados”, explica Damaris Pupo, en conferencia de prensa.

Irene Chatoor, doctora en el Centro Nacional de Niños en Washington, trabajó durante varios años con un grupo de pequeños con anorexia infantil (aquellos que sólo piensan en jugar y jamás en comer) y a través de sus historias desarrolló sugerencias de cómo revertir la falta de apetito.

Lo primero que aconseja a los padres es establecer un horario de comida. Después, evitar cualquier distracción en la mesa, porque si un niño está frente al televisor nunca podrá reconocer cuándo tiene hambre o cuándo ya está saciado.

También limitar los refrigerios al máximo.

Las comidas tampoco deben superar 20 minutos, para evitar que se levanten de la mesa en cualquier momento o comiencen a jugar con el plato. Irene además recomienda servir pequeñas porciones y una vez que el niño las haya terminado, preguntarle si quiere más y él solo reconozca así cuánta comida necesita.

Y la más importante, jamás presionarlos para comer, porque de lo contrario se convertirá en una guerra sin fin de a ver quién puede más, si la mamá apuntado siempre con la cuchara o el niño volteando la cara.

Cuando las mamás sienten que pierden la batalla, muchas recurren a los suplementos alimenticios; sin embargo, el gastrointerólogo Benny Kerzner, opina que sólo deben utilizarse en casos muy específicos.

“Hay algunas madres que les compran suplementos alimenticios a sus hijos, sólo porque no son tan altos como el vecino o porque no suben de peso, pero no todos los niños lo requieren”, afirma Kerzner.

Los suplementos sólo son recomendados cuando hay falta de vitaminas, zinc o hierro o cuando el niño tiene anorexia o aversión por un grupo alimenticio.

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