jueves, 16 de abril de 2009

La actitud de la madre influye en la obesidad de los hijos



¿Quién no disfruta compartir los alimentos con amigos y familiares? El comer no sólo es algo que las personas hacemos para nutrir el cuerpo, sino también al espíritu.

Sentarnos alrededor de una mesa con los seres queridos es un hecho lleno de simbolismos, pues entre otras cosas nos brinda la sensación de pertenecer a un grupo social.

La psicoterapeuta Claudia Bermúdez Borja explica que la forma en que seleccionamos y degustamos los alimentos, pero también el cuándo, dónde y con quién comemos, es algo que “determina parte de la estructura de nuestra personalidad”.

Por lo que toca a la relación de los niños con la comida, dice que uno de los factores que la determinan es el acercamiento que hagan de los alimentos aquellos adultos que están a cargo de los pequeños.

A partir de ese ritual, los niños crean patrones de comportamiento en torno a los alimentos. Esto, aunado a la relación que mantienen sobre todo con la madre, les hará adquirir pautas y actitudes que aplicarán a diversas situaciones de la vida.

“Existen factores genéticos, metabólicos, psicológicos, sociales y ambientales que determinan la obesidad, pero la principal causa es el exceso en el comer y una vida sedentaria, aprendidas en el entorno familiar”.

Sobre el incremento de casos de obesidad infantil, comenta que las investigaciones han descubierto que una de las causas es la actitud que asumen las madres frente a la obesidad de sus hijos. “No la consideran como una enfermedad, ni como una situación que disminuye la seguridad emocional del niño, sino que interpretan esta situación como sinónimo de amor, considerando que alimentando a sus hijos les demuestran su interés por ellos".

Comenta que esa forma en que los padres de familia ven la situación es uno de los obstáculos para tratar a los menores obsesos. “El sobrepeso surge de manera gradual y está basado en la actitud que se dirige más a demostrar el aprecio que a la nutrición física, puesto que la madre considera al menor como un sujeto que satisface sus expectativas de cuidado y de entrega, es decir, basa su éxito maternal en la sobreprotección y sobrealimentación del hijo”.

Actitud materna

La actitud materna del niño obeso abarca pautas, creencias y comportamientos y se establece en términos de:

Aceptación indiscriminada: expresión sin control de los afectos, así como el interés exagerado por los gustos del niño, sus actividades, su desarrollo.
Sobreprotección: la figura materna exhibe prolongados y exagerados cuidados al hijo impidiendo su desarrollo independiente.
Indulgencia: es la gratificación excesiva y contacto físico indiscriminado, debida a la necesidad materna de aliviar la pena de la marginación de su hijo.
Rechazo: es la deficiente o nula expresión de amor y aceptación, mediante la negligencia, severidad o brutalidad.
Personalidad alterada

Claudia explica que la adaptación de una persona a su ambiente es un proceso individual que comprende varias esferas de interacción social, mismas que el niño obeso tiene alteradas:

La percepción individual: el niño obeso se siente físicamente inadecuado, es decir, más torpe o menos capaz que el resto de sus compañeros, y también es objeto de burla. Todo esto le causa insatisfacción.

Ambiente Familiar: cuando existe tensión e inseguridad en la dinámica familliar, por lo general también se da la sobreprotección materna, que no es otra cosa que el intento por esconder la hostilidad reinante y el deseo de compensar la carencia afectiva. Esta ambivalencia materna es percibida por el niño, quien busca al alimento como la válvula de escape de su angustia.

Claudia refiere que hasta cierto punto la obesidad puede considerarse como un estado que permite al individuo adquirir o conservar un equilibrio biopsicológico. “La obesidad tiende a singularizar al niño y al adolescente que la padece, obligándolo a aislarse del grupo tanto a nivel familiar como escolar, pretexto que le permite acercarse más a la madre, fenómeno que se acentúa con la edad y puede llegar a revestir una especial gravedad en la adolescencia”.

Pero como a la madre le causa un rechazo el aspecto corporal de su hijo obeso, para evitar que surja cualquier otro conflicto lo que hace es satisfacer de manera inmediata cualquier deseo del niño o del adolescente. Con ello, sólo contribuye a generar en el hijo inmadurez afectiva, inadaptación social y sentimientos de inseguridad.

Y para compensar la angustia que causa ese desequilibrio, se sobrealimenta al niño o al joven, quien aprenderá que esa es la forma de manejar las frustraciones que le generan en él tanto el aislamiento social como la carencia afectiva.

“El manejo de la obesidad es un asunto interdisciplinario. Además del cambio físico y nutricional, la propuesta psicológica para readaptar las actitudes maternas y modificar sus reacciones frente al niño influirá en la capacidad que el menor tenga de sentirse bien para ser acogido sanamente en su medio ambiente familiar y social”, concluye Claudia.

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